Un clásico del humor, el que no se ríe tiene menos humor que Largo Addams
lunes, 26 de marzo de 2007
domingo, 4 de marzo de 2007
El chorro de sangre

EL JOVEN.- Te amo y todo es bello.
LA JOVEN, con un trémolo intensificado en la voz.- Tú me amas y todo es bello.
EL JOVEN, en un tono más quedo. - Te amo y todo es bello.
LA JOVEN, en un tono aún más quedo que el suyo.- Tú me amas y todo es bello.
EL JOVEN, dejándola bruscamente.- Te amo.- Un silencio.- Ponte delante mío.
LA JOVEN, siguiendo el juego, se ubica frente a él.- Ya está
EL JOVEN, con un tono exaltado, sobreagudo.-Te amo, soy grande, soy limpio, soy pleno, soy denso.
LA JOVEN, en el mismo tono sobreagudo.- Nos amamos.
EL JOVEN. - Somos intensos. Ah, que bien establecido está el mundo.
Un silencio. Se oye como el ruido de una inmensa rueda que gira provocando viento. Un huracán los separa. En ese momento se ven dos astros que se entrechocan y una serie de piernas de carne viva que caen con pies, manos, cabelleras, máscaras, columnas, pórticos, templos, alambiques, que caen , pero cada vez más lentamente, como si cayeran en el vacío, luego tres escorpiones uno tras otro, y finalmente una rana, y un escarabajo que cae con una lentitud desesperante, una lentitud que hace vomitar.
EL JOVEN, gritando con todas sus fuerzas.- El cielo se ha enloquecido. Mira al cielo. Salgamos corriendo.
Empuja a la joven delante suyo. Y entra un Caballero de la Edad Media con una enorme armadura y seguido por una nodriza que sostiene sus pechos con ambas manos y resopla porque tiene los senos muy inflados.
EL CABALLERO. - Deja tus tetas. Dame mis papeles.
LA NODRIZA, con un grito sobreagudo.-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
EL CABALLERO. - Mierda, ¿Qué es lo que pasa?
LA NODRIZA. - Nuestra hija ¡Allá! con él.
EL CABALLERO. - No hay hija, silencio.
LA NODRIZA. - Te digo que se están besando.
EL CABALLERO. - Que carajo crees que me hace que se estén besando.
LA NODRIZA. - Incesto.
EL CABALLERO. - Matrona.
LA NODRIZA, hundiendo las manos en sus bolsillos que son tan grandes
como sus senos. - ¡Mantenido!
LA JOVEN, con un trémolo intensificado en la voz.- Tú me amas y todo es bello.
EL JOVEN, en un tono más quedo. - Te amo y todo es bello.
LA JOVEN, en un tono aún más quedo que el suyo.- Tú me amas y todo es bello.
EL JOVEN, dejándola bruscamente.- Te amo.- Un silencio.- Ponte delante mío.
LA JOVEN, siguiendo el juego, se ubica frente a él.- Ya está
EL JOVEN, con un tono exaltado, sobreagudo.-Te amo, soy grande, soy limpio, soy pleno, soy denso.
LA JOVEN, en el mismo tono sobreagudo.- Nos amamos.
EL JOVEN. - Somos intensos. Ah, que bien establecido está el mundo.
Un silencio. Se oye como el ruido de una inmensa rueda que gira provocando viento. Un huracán los separa. En ese momento se ven dos astros que se entrechocan y una serie de piernas de carne viva que caen con pies, manos, cabelleras, máscaras, columnas, pórticos, templos, alambiques, que caen , pero cada vez más lentamente, como si cayeran en el vacío, luego tres escorpiones uno tras otro, y finalmente una rana, y un escarabajo que cae con una lentitud desesperante, una lentitud que hace vomitar.
EL JOVEN, gritando con todas sus fuerzas.- El cielo se ha enloquecido. Mira al cielo. Salgamos corriendo.
Empuja a la joven delante suyo. Y entra un Caballero de la Edad Media con una enorme armadura y seguido por una nodriza que sostiene sus pechos con ambas manos y resopla porque tiene los senos muy inflados.
EL CABALLERO. - Deja tus tetas. Dame mis papeles.
LA NODRIZA, con un grito sobreagudo.-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
EL CABALLERO. - Mierda, ¿Qué es lo que pasa?
LA NODRIZA. - Nuestra hija ¡Allá! con él.
EL CABALLERO. - No hay hija, silencio.
LA NODRIZA. - Te digo que se están besando.
EL CABALLERO. - Que carajo crees que me hace que se estén besando.
LA NODRIZA. - Incesto.
EL CABALLERO. - Matrona.
LA NODRIZA, hundiendo las manos en sus bolsillos que son tan grandes
como sus senos. - ¡Mantenido!
Ella le desparrama sus papeles, rápidamente.
EL CABALLERO. - Basta, déjame comer.
La Nodriza desaparece. Entonces él se levanta y del interior de cada papel saca una enorme porción de gruyere. Repentinamente tose y se ahoga.
EL CABALLERO, la boca llena. - Ehp, ehp. Muéstrame tus senos. ¿Donde se ha ido?
Se va corriendo. El Joven vuelve.
EL JOVEN. - He visto, he conocido, he comprendido. Aquí la plaza pública, el prelado, el remendón, las cuatro estaciones, el umbral de la iglesia, el farol del prostíbulo, la balanza de la justicia.¡No puedo más!
Un sacerdote, un zapatero, un bedel, una ramera, un juez, una vendedora de hortalizas, llegan a la escena como sombras.
EL JOVEN. - La he perdido, devuélvemela.
TODOS, en un tono diferente.-Quién, quién, quién, quién.
EL JOVEN. - Mi mujer.
EL BEDEL, con tono lacrimógeno. - Su mujer, psuif ¡Farsante!
EL JOVEN. - ¡Farsante! ¡Podría ser la tuya!
EL BEDEL, golpeándose la frente. - Quizás sea cierto.-
EL CABALLERO. - Basta, déjame comer.
La Nodriza desaparece. Entonces él se levanta y del interior de cada papel saca una enorme porción de gruyere. Repentinamente tose y se ahoga.
EL CABALLERO, la boca llena. - Ehp, ehp. Muéstrame tus senos. ¿Donde se ha ido?
Se va corriendo. El Joven vuelve.
EL JOVEN. - He visto, he conocido, he comprendido. Aquí la plaza pública, el prelado, el remendón, las cuatro estaciones, el umbral de la iglesia, el farol del prostíbulo, la balanza de la justicia.¡No puedo más!
Un sacerdote, un zapatero, un bedel, una ramera, un juez, una vendedora de hortalizas, llegan a la escena como sombras.
EL JOVEN. - La he perdido, devuélvemela.
TODOS, en un tono diferente.-Quién, quién, quién, quién.
EL JOVEN. - Mi mujer.
EL BEDEL, con tono lacrimógeno. - Su mujer, psuif ¡Farsante!
EL JOVEN. - ¡Farsante! ¡Podría ser la tuya!
EL BEDEL, golpeándose la frente. - Quizás sea cierto.-
Se va corriendo. El sacerdote se aleja del grupo a su vez y pone su brazo alrededor del cuello del joven.
EL SACERDOTE, como en confesión. - ¿A qué parte de su cuerpo hacía usted más frecuentemente alusión?
EL JOVEN. - A Dios.
El sacerdote desconcertado por la respuesta toma inmediatamente acento suizo.
EL SACERDOTE, con acento suizo. - Pero no se hace más eso. Así no lo entendemos. Hay que preguntar esto a los volcanes, a los terremotos. Nosotros vivimos de las pequeñas suciedades de los hombres en la confesión. Y eso es todo, es la vida.
EL JOVEN, atónito. - ¡Ah, así es la vida! Entonces, todo se va al carajo.
EL SACERDOTE, siempre con el acento suizo. - ¡Pero claro!
En ese momento, repentinamente, la noche cae sobre el escenario. La tierra tiembla. El trueno hace estragos, con relámpagos que zigzaguean en todo sentido, y en el zigzagueo de los relámpagos se ve a todos los personajes echándose a correr, y enredándose los unos con los otros, caen, se levantan y corren como locos. En un momento dado una mano enorme toma la cabellera de la prostituta que se inflama y crece visiblemente.
UNA VOZ GIGANTESCA. - ¡Perra, mira tu cuerpo! El cuerpo de la prostituta aparece absolutamente desnudo y horrendo, bajo el corpiño y la enagua que se vuelven como de vidrio.
LA PROSTITUTA. - Déjame, Dios.
Ella muerde a Dios en el puño. Un inmenso chorro de sangre desgarra la escena y se ve en medio de un relámpago más grande que los otros al sacerdote que se persigna. Cuando vuelve la luz todos los personajes han muerto y sus cadáveres yacen por todas partes en el suelo. Sólo quedan el Joven y la Prostituta que se devoran con los ojos. La Prostituta cae en brazos del Joven.
LA PROSTITUTA, suspirando y como en el extremo de un orgasmo. - Cuéntame
cómo ha ocurrido esto.
El Joven esconde la cabeza entre las manos. La Nodriza vuelve llevando a la Joven bajo el brazo como un paquete. La Joven está muerta. La deja caer al suelo y ésta se aplasta y achata como una torta. La Nodriza no tiene más senos. Su pecho es completamente chato. En ese momento regresa el Caballero que se echa sobre la Nodriza y la sacude con vehemencia.
EL CABALLERO, con voz terrible. -¿Dónde lo has puesto? Dame mi gruyere.
LA NODRIZA, atrevidamente. - ¡Aquí está!
Se levanta las polleras. El Joven desea irse corriendo pero se queda como un títere petrificado. EL JOVEN, como suspendido en el aire y con voz de ventrílocuo. - ¡No le hagas mal a mamá!
EL CABALLERO.- Maldita.
Se cubre el rostro con horror. Una multitud de escorpiones sale en ese momento de las polleras de la Nodriza y comienzan a pulular en su sexo que se hincha y se resquebraja, haciéndose vidrioso, y reverbera como un sol. El Joven y la Prostituta huyen como trepanados.
LA JOVEN, se levanta deslumbrada.- ¡La virgen! ah, eso era lo que él buscaba.
EL SACERDOTE, como en confesión. - ¿A qué parte de su cuerpo hacía usted más frecuentemente alusión?
EL JOVEN. - A Dios.
El sacerdote desconcertado por la respuesta toma inmediatamente acento suizo.
EL SACERDOTE, con acento suizo. - Pero no se hace más eso. Así no lo entendemos. Hay que preguntar esto a los volcanes, a los terremotos. Nosotros vivimos de las pequeñas suciedades de los hombres en la confesión. Y eso es todo, es la vida.
EL JOVEN, atónito. - ¡Ah, así es la vida! Entonces, todo se va al carajo.
EL SACERDOTE, siempre con el acento suizo. - ¡Pero claro!
En ese momento, repentinamente, la noche cae sobre el escenario. La tierra tiembla. El trueno hace estragos, con relámpagos que zigzaguean en todo sentido, y en el zigzagueo de los relámpagos se ve a todos los personajes echándose a correr, y enredándose los unos con los otros, caen, se levantan y corren como locos. En un momento dado una mano enorme toma la cabellera de la prostituta que se inflama y crece visiblemente.
UNA VOZ GIGANTESCA. - ¡Perra, mira tu cuerpo! El cuerpo de la prostituta aparece absolutamente desnudo y horrendo, bajo el corpiño y la enagua que se vuelven como de vidrio.
LA PROSTITUTA. - Déjame, Dios.
Ella muerde a Dios en el puño. Un inmenso chorro de sangre desgarra la escena y se ve en medio de un relámpago más grande que los otros al sacerdote que se persigna. Cuando vuelve la luz todos los personajes han muerto y sus cadáveres yacen por todas partes en el suelo. Sólo quedan el Joven y la Prostituta que se devoran con los ojos. La Prostituta cae en brazos del Joven.
LA PROSTITUTA, suspirando y como en el extremo de un orgasmo. - Cuéntame
cómo ha ocurrido esto.
El Joven esconde la cabeza entre las manos. La Nodriza vuelve llevando a la Joven bajo el brazo como un paquete. La Joven está muerta. La deja caer al suelo y ésta se aplasta y achata como una torta. La Nodriza no tiene más senos. Su pecho es completamente chato. En ese momento regresa el Caballero que se echa sobre la Nodriza y la sacude con vehemencia.
EL CABALLERO, con voz terrible. -¿Dónde lo has puesto? Dame mi gruyere.
LA NODRIZA, atrevidamente. - ¡Aquí está!
Se levanta las polleras. El Joven desea irse corriendo pero se queda como un títere petrificado. EL JOVEN, como suspendido en el aire y con voz de ventrílocuo. - ¡No le hagas mal a mamá!
EL CABALLERO.- Maldita.
Se cubre el rostro con horror. Una multitud de escorpiones sale en ese momento de las polleras de la Nodriza y comienzan a pulular en su sexo que se hincha y se resquebraja, haciéndose vidrioso, y reverbera como un sol. El Joven y la Prostituta huyen como trepanados.
LA JOVEN, se levanta deslumbrada.- ¡La virgen! ah, eso era lo que él buscaba.
TELÓN
Antonin Artaud - El ombligo de los limbos
sábado, 24 de febrero de 2007
Canción para los días de la vida

Este día empieza a crecer
voy a ver si puedo correr.
Con la mañana silbandome en la espalda
o mirarme en las burbujas.
Tengo que aprender a volar
entre tanta gente de pie.
Cuidan de mis alas unos gnomos de lata
que de noche nunca rien.
Si la lluvia llega hasta aquí
voy a limitarme a vivir.
Mojaré mis alas como el árbol o el ángel
o quizás muera de pena.
Tengo mucho tiempo por hoy
los relojes haran que cante
Y la espuma gira en torno a mi piel
me han puesto manos para hablarle
a las cosas de mí.
Y al fin mi duende nació
tiene orejas blancas
como un soplo de pan y arroz
y un hongo como nariz
cuatro pelos locos y un violín que nunca calla
solo se desprende y es igual a las guirnaldas.
Este día es algo de sal
me dejo vibrando al nacer
pesa y es liviano como un hilo sin nombre
suena un poco a mi guitarra.
Tengo que aprender a ser luz
entre tanta gente detrás.
Me pondre las ramas de este sol que me espera
para usarme como al aire.
Y es que al fin mi duende se abrió
tiene un corazon de mantel y batón
y un guiño al ver que todo es verdad.
Ya los gnomos cuiden
a un violín que siempre canta
nunca se adormece y es igual a las guirnaldas.
Y es que nunca calla, sólo se desprende
y es igual a las guirnaldas.
Luis Alberto Spinetta
sábado, 17 de febrero de 2007
Onírico
Una mañana sonríe una luz aterradora
segundos de (re)nacimiento
confusión, despertar aterido
El lugar cotidiano, las cosas donde..
¿estaban? observan fastidiosas,
buscando en vano su razón de ser
afuera llama al ruido
adentro pide silencio a gritos
quiero volver a donde estaba
quizás mañana
es que,
ayer,
soñe que me amabas
segundos de (re)nacimiento
confusión, despertar aterido
El lugar cotidiano, las cosas donde..
¿estaban? observan fastidiosas,
buscando en vano su razón de ser
afuera llama al ruido
adentro pide silencio a gritos
quiero volver a donde estaba
quizás mañana
es que,
ayer,
soñe que me amabas
miércoles, 7 de febrero de 2007
viernes, 2 de febrero de 2007
¡Animate!
lunes, 29 de enero de 2007
Para leer en forma interrogativa
Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
Julio Cortázar
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
Julio Cortázar
sábado, 27 de enero de 2007
jueves, 25 de enero de 2007
Mudos mirados
Una inmóvil boca en la vereda, traga y vomita gente entre luces, bocinas y rugidos de máquinas en vaivén infatigable. Setenta centavos se deslizan y vuelve el cartón indiferente. El golpeteo del molinete precede al andar cansino y sin rumbo cierto por el andén; entre el viento y la espera dos miradas se encuentran en un choque inasequible, fugaz. Luego, el rubor, el mismo martillar recorre ambos cuerpos fugitivos, que en un frenesí de chirridos y luces viajan con destino inamovible. Siempre surge algo de una mirada, miedo, lástima, lujuria, hostilidad; o algo que pide crecer, definirse, es un mundo buscando nacer. Los ojos se observan y huyen furtivamente, hay un intento de acercarse, pero millares de manos invisibles lo impiden, y las palabras son sólo un nudo que no se materializa. En ese oscuro vértigo sigue reinando el vilo incorruptible, pesado como un yugo gélido, hasta que una parada devora a una de las miradas ¿Que queda? Dos fuegos fatuos perdiéndose en la oscuridad, un mar de mudos, reververaciones en el ánima, y el aura de algo que pidió ser más.
miércoles, 24 de enero de 2007
Veamos que onda
Cuando uno está desocupado, empieza a ver que puede hacer de su tiempo. No tomemos desocupado sólo como la falta de inserción en el mercado laboral, sino como la ausencia total de actividades que demanden tiempo, llámese deporte, novia, o algo divertido que hacer en la noche bellavistense (éste es un punto que voy a poner en discusión más adelante, es preocupante). Así que despues de agotar el stock de DVDs de la feria persa, nadar 200 largos en la pileta y leer hasta como salieron las carreras de caballos en la deportiva de La Nación, decidí hacer de mi ocio por lo menos algo compartido. Entonces en este espacio voy a tratar de plasmar que cosas se destacan, surgen, en mi Enero poco agitado, y atento a la propuesta que tenga cualquiera de ustedes, mis estimados lectores. Para cerrar me parecen bastante apropiadas las primeras líneas de Lo trágico cotidiano, de Giovanni Papini, pueden parecer mala onda, pero resultan simpáticas al final.
" Hombre lector, quienquiera que seas, quisiera en este momento tenerte aquí, cara a cara, y clavar mis ojos en tus ojos y estrecharte las manos en mis manos y decirte en voz baja: «¿Crees vivir, vivir de verdad, profundamente, enteramente? ¿Te parece tu vida tan bella y grande como acaso la soñaste en los días ardientes de la juventud?»
Y todavía más bajo, llanamente, quisiera preguntarte: «¿Tuviste una juventud? ¿Sentiste en ti, dentro de tus entrañas, dentro de tu sangre, algo que fermentaba, que hervía, que se agitaba, que temblaba, que quería salir, derramarse, inundar el mundo como un lago de llamas? ¿Sentiste nunca, después de alguna hora de agitación, después de un gran crepúsculo, después de los versos de un poeta, sentiste que eras tú, tú en persona, el primer hombre, el descubridor de la vida, el descubridor del mundo? ¿Y no te pareció mísera esta vida, y no te pareció pequeño este mundo? ¿No deseaste la muerte por amor a la vida? ¿No experimentaste la avidez de Alejandro ante el cielo lejano?»
Esto quisiera pedirte, vil lector, hombrecillo enflaquecido que estás leyendo páginas, escuchando los latidos de la vida ajena porque no sabes realizar actos, porque no sabes vivir por tu cuenta. ¿No te parece vil, cobarde, cobardísima, la acción que estás realizando? Una silla te sostiene, ante ti hay papeles cosidos, en esos papeles hay signos negros y tú recorres con los ojos esos signos y tu alma sonríe o gimotea, ve o entrevé, a medida que los signos van despertando a la fuerza tus imágenes soñolientas. ¡Y tú crees vivir, creo, leyendo libros! Saliendo fuera de ti, contemplarás con gran desprecio el vulgo vil que no está «al corriente», que no hace psicología y no se alimenta de literatura. Yo soy, dices para ti, un intelectual, un refinado, un pensador, un aristócrata, un hombre superior, en suma, un miembro de la élite. El mundo gira a mi alrededor, el mundo está hecho para mí. Y cuando no va bien doy un puntapié al tramoyista y lo hago yo. Y así juego y me divierto, y en mi casa sólo encontraréis fotografías de obras célebres y buenas ediciones de autores famosos. El cuello alto y las palabras oscuras son las insignias de mi grado: yo soy el rey del tiempo, el rey del espíritu, el rey de la eternidad.
¿Dices tú todo esto, lector cobarde? Es posible: lo creo, me lo imagino, lo deseo. Porque yo hablo precisamente para ti y quisiera tenerte delante de mí, para que sintieras en tu cara el aliento cálido de mi desprecio. Y te desprecio, lector, te desprecio por una razón terrible, por una razón odiosa, dolorosa: que yo me parezco mucho a ti, que yo soy casi como tú, lector, que yo soy tú, acaso..."
" Hombre lector, quienquiera que seas, quisiera en este momento tenerte aquí, cara a cara, y clavar mis ojos en tus ojos y estrecharte las manos en mis manos y decirte en voz baja: «¿Crees vivir, vivir de verdad, profundamente, enteramente? ¿Te parece tu vida tan bella y grande como acaso la soñaste en los días ardientes de la juventud?»
Y todavía más bajo, llanamente, quisiera preguntarte: «¿Tuviste una juventud? ¿Sentiste en ti, dentro de tus entrañas, dentro de tu sangre, algo que fermentaba, que hervía, que se agitaba, que temblaba, que quería salir, derramarse, inundar el mundo como un lago de llamas? ¿Sentiste nunca, después de alguna hora de agitación, después de un gran crepúsculo, después de los versos de un poeta, sentiste que eras tú, tú en persona, el primer hombre, el descubridor de la vida, el descubridor del mundo? ¿Y no te pareció mísera esta vida, y no te pareció pequeño este mundo? ¿No deseaste la muerte por amor a la vida? ¿No experimentaste la avidez de Alejandro ante el cielo lejano?»
Esto quisiera pedirte, vil lector, hombrecillo enflaquecido que estás leyendo páginas, escuchando los latidos de la vida ajena porque no sabes realizar actos, porque no sabes vivir por tu cuenta. ¿No te parece vil, cobarde, cobardísima, la acción que estás realizando? Una silla te sostiene, ante ti hay papeles cosidos, en esos papeles hay signos negros y tú recorres con los ojos esos signos y tu alma sonríe o gimotea, ve o entrevé, a medida que los signos van despertando a la fuerza tus imágenes soñolientas. ¡Y tú crees vivir, creo, leyendo libros! Saliendo fuera de ti, contemplarás con gran desprecio el vulgo vil que no está «al corriente», que no hace psicología y no se alimenta de literatura. Yo soy, dices para ti, un intelectual, un refinado, un pensador, un aristócrata, un hombre superior, en suma, un miembro de la élite. El mundo gira a mi alrededor, el mundo está hecho para mí. Y cuando no va bien doy un puntapié al tramoyista y lo hago yo. Y así juego y me divierto, y en mi casa sólo encontraréis fotografías de obras célebres y buenas ediciones de autores famosos. El cuello alto y las palabras oscuras son las insignias de mi grado: yo soy el rey del tiempo, el rey del espíritu, el rey de la eternidad.
¿Dices tú todo esto, lector cobarde? Es posible: lo creo, me lo imagino, lo deseo. Porque yo hablo precisamente para ti y quisiera tenerte delante de mí, para que sintieras en tu cara el aliento cálido de mi desprecio. Y te desprecio, lector, te desprecio por una razón terrible, por una razón odiosa, dolorosa: que yo me parezco mucho a ti, que yo soy casi como tú, lector, que yo soy tú, acaso..."
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